Poseer
una idea y preferir encerrase con ella en una cueva durante décadas, sin
usarla, antes de dejar que otros se la lleven. Esto es típico de quien nunca ha
emprendido, y es un error que normalmente es fatal.
Un
buen emprendedor comparte sus ideas. Si no la comparte con nadie, ¿cómo va a
saber en qué puede fallar o en qué puede mejorarla?. Lo más factible es que no
seas un genio. Tu idea podría tener fallas, cuanto antes dejes que otras
personas que pueden mejorar lo que tú sabes te ayuden, más probabilidades
tendrás de no cometer un error fatal.
Nadie
te va a robar tus ideas; unas personas a
las que se la cuentes pensarán que tu idea es estúpida. Otros pensarán que es
interesante, que suena bien, pero pocos se plantearán: “¡qué buena idea! lo voy
a hacer yo antes que él”. Y de esos pocos, menos aún harán el esfuerzo de
desarrollarla.
La gente no está esperando que un emprendedor ingenuo les cuente su idea
para apropiársela. Todo el mundo tiene sus ideas, sus proyectos, y le gustan más
que los tuyos. Sí, tu idea es la bomba, que va a cambiar el mundo, que te va a
hacer rico, pero créeme: todo el mundo piensa lo mismo de sus propias ideas, y
no es tan fácil que cambien de idea.
Si
copian tus ideas; pues no pasa nada. Si otras personas triunfan o no, no es la
idea, sino la ejecución. Nunca te van a poder copiar a ti mismo, y
tú eres el único capaz de convertir tu idea en una realidad y si es posible en
un éxito. Realmente
los que tendrán éxito son los innovadores.



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